Asylum 1/x


Primera parte de la serie de relatos Asylum, en los que la protagonista se enfrentará a su paso por el psiquiátrico.

Flashback, hace más de un cinco años.

Ese momento en que tu cabeza deja de funcionar de la manera correcta, en que el corazón deja de palpitar al mismo ritmo, en que los pensamientos son tan fugaces y dolorosos que ya no merece la pena ni ser consciente de lo que se piensa.

Cuando crucé el umbral de aquel lugar me sentía totalmente perdida, sin rumbo, había acabado conmigo misma y me había convertido en la sombra de la persona que fui alguna vez. El lugar se me antojó cargado de dolor. Era oscuro, a pesar de sus paredes blancas y sus suelos color marfil, albergaba en él más oscuridad de la que jamás creí que habría en cualquier sitio terrenal. La gente estaba fuera de sí. Me dieron varios camisones y me enseñaron el cuarto que sería mi celda. Los médicos me hablaban y yo no escuchaba, solo tenía la mirada perdida clavada en un horizonte que nadie era capaz de ver. Mi corazón albergaba tanto dolor que me había apagado, Dánae se había ido y a lo mejor nunca volvería. Hacía meses que no sabía nada de mi familia, cuando me marché de Escocia y empecé a vivir en Nueva York.

Cuando me dejaron sola me desnudé, me puse aquel camisón blanco que rascaba en mi piel, tanto que dolía. El cabello rubio se deslizaba por mis hombros en una cascada y me tumbé en la cama. Tan solo quería dormir, quería quedarme en la cama para siempre, cerrar los ojos y volver a la oscuridad. Esa fue la primera noche que no fui al río, había algo que me lo impedía. Por primera vez en mucho tiempo dormí. Aunque no demasiado, los terrores nocturnos me atacaron, reviví mi muerte una y otra vez esa noche, cada vez que cerraba los ojos sentía la sangre derramándose por aquel vestido blanco que mi madre me había hecho.

Comencé a gritar, las luces se encendieron en el pasillo y una enfermera comenzó a girar la llave en la puerta de la habitación. Cuando entró me encontró completamente retorcida en la cama, ésta encharcada en sudor frío se me antojaba vomitiva, y se arrodilló a mi lado −Niña… −Murmuró sin tocarme, si llegaba a despertarme aquello podría ser completamente catastrófico.

Por la mañana ya me había serenado, me inyectaron algo para estar tranquila y sin embargo reaccionó en mí de una manera totalmente opuesta, yo que por naturaleza nunca había sido un ser irracional ni revoltoso comencé a comportarme como una auténtica desequilibrada mental, exactamente igual que el resto de personas allí y llegué incluso a preguntarme si allí entraban los locos o ese lugar volvía a la gente loca.

Aquel día fue la primera vez que vomité en ese lugar, algo había allí, cargando el ambiente, que me estaba volviendo completamente loca, y no era solo la medicación. Lo sentí desde la primera vez que había entrado. Lo había sentido la noche anterior mientras dormía, como una mirada clavándose en mi espalda. Y estaba aterrorizada.

 

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